La oración del preso
 
¡Señor, tenme piedad, aunque a ti clame
sin fe! ¡Perdona que te niegue o riña
y al ara tienda con bochorno infame!
 
Vuelvo al antiguo altar. ¡No en vano ciña
guirnaldas a un león y desparrame
riego que pueda prosperar tu viña!
 
¡Líbrame por merced, como te plugo
a Bautista y Apóstol de Judea,
ya que no me suicido ni me fugo!
 
¡Inclínate al cautivo que flaquea,
y salvo, como Juan por el verdugo,
o como Pedro por el ángel, sea!
 
¡Habito un orco infecto, y en el manto
resulto cebo a chinche y pulga y piojo;
y afuera el odio me calumnia en tanto!
 
¿Qué mal obré para tamaño enojo?
¡El honor del poeta es nimbo santo
y la sangre de un vil es fango rojo!
 
Mi pobre padre cultivó el desierto.
¡Era un hombre de bien, un sabio artista,
y de vergüenza y de pesar ha muerto!
 
¡Oh mis querubes! ¡Con turbada vista
columbro ahora el celestial e incierto
grupo que aguarda y a quien todo artista!
 
¡Y oigo un sordo piar de nido en rama
un bullir de polluelos ante azores;
y el soplado tizón encumbra llama!
 
¡Dios de Israel, acude a mis amores;
y rían a manera de la grama,
que hasta batida por los pies da flores!