Poema cobarde
 
 ¡Que me vuelvan mi escuela  de primitivos bancos
y maestros benévolos, y mi casa y mi huerto,
esa casa en que había un corazón abierto
en el portal ingenuo y en los recintos blancos!
 
¡Que me vuelvan mis noches tibias y campesinas
de luna incorporada y frescuras remotas!,
¡esas noches vividas con quietudes ignotas
con alma sin pasado, con ternuras divinas!
Hay que quemar los libros; hay que dar a la  vida
un  brebaje de olvido y un brebaje de amor;
reclinarse en el hombro de una ilusión perdida,
despertar de esta brusca pesadilla dolida,
 
y ver la aurora rústica de una vida mejor...